Atravesó de puntillas el salón y llegó hasta la cocina. Allí, se encontró con una olla llena de olores, sabores y rica comida. Olía muy bien, a laurel, cebolla, pimientos…. Pero según entró, YA NO SE OÍA NADA. Se dejó de decir su “Plof, plof, plof…” que decía bajito desde hacía un ratito.
Como era muy curioso, “Don Silencio” siguió recorriendo mi casa. Llegó al cuarto de “Nerea”,
que olía a sueño dulce de caramelo de fresa. Pero al atravesar la puerta, YA NO SE OÍA NADA. Ni la suave respiración de “Nerea”, que hace un momento sonaba acompasada…..
Siguió caminando, hasta que se encontró mi cama. Allí, ” Don Silencio”, se quitó las zapatillas, se puso un pijama. Encontró un hueco, por donde colarse en mi alma.
Desde que “Don Silencio” llegó a mi casa, todos los olores son mas intensos, los colores más brillantes.
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Viernes 24 de abril de 2009. By Mayte |
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