Era primavera y como todas las primaveras, Luis y Ángel tenían sus gusanos de seda en una jaca de zapatos para poder observar como hacían el nido y se convertían en bellas mariposas.
Yo había subido a su casa, como muchos días, a jugar con las canicas. Me encantaba tirar las bolas de colores de derrumbar de un golpe sus soldaditos de plomo. Entonces Angel se presentó en el salón con una caja de zapatos. -¿Quieres verlos?, son gusanos de seda- dijo Ángel destapando la caja. Me asomé a mirar. Aquellos seres que me daban un poco de asco, pero no mucho, se movían lentamente. Habían mordido las hojas, de no se que árbol, haciendo bonitos círculos. En una de ellas ya no quedab nada mas que el rabito del centro, porque a los gusanos de seda no les gusta los nervios…. Como quedaban pocas hojas, los dos dijeron: -¡Vamos a por morera al jardín de las monjas¡ ¿te vienes?-
¡Guau!…. ¡¡Que aventura!!!. -Claro – les dije- mientras pensaba por dentro- si ellos van, yo también. No quiero que esos bichitos se mueran de hambre antes de ver como hacen su nido y se convierten en mariposa…
Caminamos por el borde de casa, lleno de barro y baches, hasta que llegamos al muro. Era un gran muro de piedra. Para verlo entero tenia que echar mucho para atrás la cabeza. Sólo así lograba ver los múltiples cristalitos de colores, que las monjas habían colocado para que, si por casualidad a alguien se le ocurría saltar el muro, se pinchara…. Pero yo no pensaba en ello. Solo miraba como resplandecían a la luz del sol y me hechizaban.
Luis, ya se había doblado por la mitad, mientras Ángel trepaba a su espalda y se empinaba para subir, y alcanzar el borde de los cristales de colores…..
-¡¡ Venga, venga, un poco más, que casi llego¡¡- decía Ángel mientras colocaba los pies sobre los hombros de Luis, lanzaba una pierna sobre el muro….
En mi cabeza resonaban mil palabras, mil veces dichas por mi madre- “al jardín de las monjas no vayas, no hagas tonterías ….” “Esas cosas son de chicos…” y “además está el descampado ese al lado…. ¡quién sabe qué gente irá por allí!.
Ángel había desaparecido detrás del muro. Luis se estaba tirando de un trozo de hierro doblado de la puerta de hierro de la entrada, empeñado en hacer de su tamaño…. Casi iba a desaparecer tras la gran puerta de hierro negro forjado, mientras me entretuve mirando hacia arriba. También terminaba en grandes lanzas puntiagudas… De pronto, ya no estaba alli. La chapa había cedido y se haía vuelto a su sitio.
Yo, ya no estaba tan segura de lo divertido de la aventura… Me acordé del comentario que escuché entre mi madre y la vecina del pescado-
Mi madre, suspirando, decía.. -¡¡¡Ahssss!!! Me han dicho que están pasando ¡¡¡una de cosas!!! que dan miedo…
La vecina del pescado -Ahí hija, y que lo digas. Ayer mismo…..Mari, si mujer, la de bloque del lechero, me contó que había visto a un grupo de gitanos con intenciones de asentar aquí su campamento- Entonces se dieron cuenta de que las estaba escuchando y con cara muy sería me dijeron a coro: -“por allí no vayas, que te pueden pasar muchas cosas malas”
¡¡UFF!!!, pensé- y yo estoy aquí. Algo inquieta, seguía pensando – Vaya, ahora tampoco veo a Luis- Dije chillando- ¡¡¡Ángel, Luis.¡¡¡esperadme!!!…
Esperé un rato mientras intentaba colarme por donde había desaparecido Luis. Mientras intentaba doblar la parte de chapa, estaba muy atenta a todo lo que oía. Como no me contestaban me puse nerviosa y grite….
- ¡¡¡Jobar!!! no tiene gracia…..Se me ha quedado engancha la camiseta. ¿Es que no me oís?. ¡¡¡¡No puedo pasar¡!!. ¿Por qué no me contestáis….?
Más silencio, y yo más nerviosa. Tiraba suave y luego cada vez más y más fuerte de la chapa de la puerta, pero no había forma. Aquello no se movía. Al cabo de un rato sonó un inconfundible ¡¡¡¡Rasss!!! . - ¡¡¡La que me va a caer cuando llegue a casa!!!! – Pensé, la camiseta se había roto librándome de las garras de la puerta de hierro.
Me puse en pie y mientras daba vueltas sin separarme de la puerta pensaba…: - Aquí estoy, sola, en medio del lugar prohibido, tan cerca del descampado…. Pero ¿qué estarán haciendo? ¿Por qué tardan tanto?….
Buscando una salida a la desesperada, me dije a mi misma: - ¿Y si salto el muro….? ¡¡¡Cualquier cosa antes que quedarme yo sola aquí, con este silencio¡¡¡
Comencé a saltar todo lo alto y fuerte que podía, pero nada, aquello estaba muy alto para mi altura de 6 años. Se me ocurrío otra idea. Recordé que un poco más abajo había un agujero a mi altura, por el que se colaban los gatos, y comencé a buscarlo mientras seguía chillando ¡¡¡¡Áaaaaangel!!!!, Luiiiiiis!!! ¿¿¿¿A que esperáis…..? , ¡os van a pillar….!
-¡Ahyyyyy!!! – oí detrás del muro. Entonces corrí frenéticamente para encontrar el dichoso agujero. Por fin estaba allí, pero claro, era demasiado pequeño para mi cuerpo de 6 años.
Justo a mi espalda noté como alguien corría detrás mío… Su respiración era agitada y resoplaba acercándose cada vez más y más a mí. Mi corazón sonaba muy fuerte ¡plofff, plofff, plofff!
En mi imaginación, claro que yo no sabía que me lo estaba imaginando, sentí como me daba su aliento en el cogote…. Oí los pasos a la carrera de otra persona que me adelantaba y decía: -¡¡¡¡¡Corre, corre Carla que nos pillan…..!!!!.
Comencé a correr como una desesperada, sin pensar, solo en correr lo más rápido que podí. Había atravesado tres colinas corriendo detrás de Ángel y Luis, que cada vez se hacían más y más chiquititos. Rodé por la primera cuesta, porque las piernas me temblaban. Cuando ya no puede más me pare. Al cabo de un rato, recuperé el aliento y me di cuenta de que estaba en un lugar precioso: el Descampado. Estaba lleno de flores de todos los colores. Las matas de violetas eran tan altas como yo. Había árboles, zarzas y una charca al fondo donde crecían juntos muchos pájaros. También había un montón de pequeños senderos. Todo era genial, además no había nadie que me asustara. A pocos metros estaban Ángel y Luis, tumbados en la hierba, riéndose y mirando al sol . Se tiraban por encima miles y miles de grandes hojas de morera. Me junté con ellos a reír, empujarnos, y lanzarme a la batalla de hojas verdes de morera, en un paisaje de mil colores.
Acababa de atravesar los muros invisibles del miedo. FINNN
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